Uno de los debates recurrentes entre corredores habituales de gimnasio es si las zapatillas de running duran más cuando se utilizan exclusivamente en una cinta de correr que cuando se emplean en asfalto o caminos urbanos. La respuesta corta es sí: en condiciones normales, la vida útil suele ser mayor. La respuesta completa exige analizar cómo y por qué se produce el desgaste del calzado.
De forma general, los fabricantes y los profesionales del sector sitúan la vida útil de unas zapatillas de running entre 500 y 800 kilómetros para un uso en exterior, principalmente sobre asfalto. Este rango no es arbitrario: responde al momento en el que la mediasuela (normalmente de EVA o compuestos similares) empieza a perder capacidad de amortiguación y retorno de energía, aunque visualmente la zapatilla pueda parecer en buen estado.
El desgaste depende de varios factores: peso del corredor, técnica de carrera, ritmos habituales, tipo de pisada y superficie. En este último punto es donde la cinta de correr marca una diferencia clara.
La cinta ofrece un entorno mucho más controlado que la calle. La superficie es uniforme, ligeramente amortiguada y sin irregularidades, lo que reduce el estrés mecánico sobre la mediasuela y la suela exterior. Además:
No hay abrasión directa contra el asfalto, que es uno de los principales responsables del desgaste del caucho.
El patrón de impacto es más constante, sin cambios bruscos de apoyo por giros, desniveles o obstáculos.
La cinta absorbe parte del impacto, lo que disminuye la compresión extrema de la mediasuela en cada zancada.
Como consecuencia, la suela exterior apenas se erosiona y el deterioro se centra casi exclusivamente en la pérdida progresiva de propiedades elásticas de la mediasuela.
En términos prácticos, unas zapatillas usadas solo en cinta pueden alargar su vida útil entre un 20 % y un 40 % respecto a su uso en asfalto. Esto significa que un modelo que en exterior estaría para jubilarse en torno a los 600 kilómetros puede llegar sin problemas a 750–900 kilómetros en cinta, siempre que el corredor no presente una técnica especialmente agresiva.
No obstante, esta mayor durabilidad no es infinita. Aunque el desgaste visual sea mínimo, la espuma de la mediasuela envejece por fatiga, perdiendo capacidad de absorción y estabilidad. Es un proceso silencioso que no siempre se percibe hasta que aparecen molestias musculares o articulares.
Cuando se corre exclusivamente en cinta, es fácil caer en la falsa sensación de que las zapatillas “siguen nuevas”. Por eso conviene estar atento a otros indicadores:
Sensación de hundimiento excesivo o, por el contrario, mayor dureza bajo el pie.
Pérdida de estabilidad en la fase de apoyo, especialmente en ritmos suaves.
Aparición de sobrecargas en gemelos, sóleo o rodillas sin cambios en el entrenamiento.
Comparación directa con un par nuevo del mismo modelo, donde la diferencia suele ser evidente.
Desde un punto de vista técnico y económico, sí. Usar un par exclusivo para cinta permite maximizar su vida útil y reservar otro para entrenamientos en exterior, donde el desgaste es mayor. Además, muchos corredores optan por modelos más amortiguados y menos reforzados en suela, ya que la protección frente a impactos y abrasión es menos crítica en este entorno.